Las bodegas Ramón López de Heredia Viña Tondonia, para la cual Zaha Hadid ha hecho una pequeña intervención, se encuentran en Haro, La Rioja.
María José López de Heredia le mandó un e-mail a Zaha Hadid contándole su caso. Tenía en el trastero una caseta que su bisabuelo había llevado a la Exposición Universal de 1910 y quería ponerle una cubierta para celebrar el 125º aniversario de la empresa familiar. “Vino al estudio”, cuenta la arquitecta iraquí, “y habló durante varias horas, al final ya éramos parte de la familia. Nos intrigó que nos escogiese; en sus bodegas, los procesos permanecen inalterados por la moda generación tras generación. Las paredes están construidas con técnicas perdidas de los romanos. Fue un acto de fe por su parte. Era imposible negarse”. Cuatro años después de aquel e-mail, María José tiene un hadid en la entrada de su bodega “como quien tiene un picasso en su casa”. “Se supone que es una botella, pero Zaha tiene esa mente que todo lo estroncia, una mente líquida, y parece más una frasca”, dice la bodeguera. “El hilo conductor es enfrentar lo nuevo a lo antiguo”, dice desde Londres la arquitecta, cuyo edificio alberga la tienda y las salas de cata. Una joya de modernidad y audacia dentro de una bodega del XIX, donde todo se hace, según María José, “con artilugios juliovernianos”. Las tinas de madera tienen más de 100 años, los filtros son gavillas de sarmientos, la instalación eléctrica es la original y el moho controla la humedad. Y en medio de todo esto (justo la idea que tenemos de una bodega, oscura, misteriosa y con telarañas) se sienta un hadid dorado y líquido con un interior sacado de La naranja mecánica.
“No escogí a una arquitecta famosa por marketing”, explica María José. De Hadid le gustó, además de su obra, que fuese mujer y algo que leyó que había dicho: “La arquitectura sólo tendrá importancia cuando los particulares apuesten por el riesgo”. Quizá precisamente por ello, la única arquitecta que ha ganado un Premio Pritzker aceptó (antes de ganarlo, eso sí) el proyecto de una pequeña empresa familiar dirigida por una mujer que defiende que “por mucho glamour que se inventen, los bodegueros somos agricultores”. La tenaz riojana ya ha liado otra vez a la diva iraquí: “Le he dicho: ‘Zaha, a ver si me montas ahí arriba un museo bien bonito para meter todo lo del bisabuelo. Y hazme un precio pre-Pritzker, ¿eh?”.
Extraído de El País, donde hablan también de las otras bodegas.
En este caso la intervención de Zaha no es ni integral (como en las Bodegas Baigorri y Bodegas Darien) ni circunstancial (como el caso de Marques de Riscal). Es un elemento mínimo que se construyo para dar cobijo a una caseta que la bodega construyo en 1910, que posteriormente se ha acoplado a una de las instalaciones mas antiguas de La Rioja, por tanto no es mas que un “añadido” a la bodega. El elemento que Zaha diseño para Viña Tondonia acoge hoy en día la caseta en cuestión, la tienda y el acceso a una sala de catas que se encuentra en un piso inferior diseñada también (pero no acabada) por la arquitecta.
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Lo único que parece librar a la bodega de la utilización efectista de la arquitectura es haber elegido a la arquitecta antes de su elección como Pritzker, lo cual los honra de apuntarse a modas (como el ayuntamiento de Bilbao, por ejemplo), no obstante seguro la eligieron por el tipo de arquitectura que hace. Claro que eso les ha llevado a tener el proyecto en construcción todavia ya que la fama mundial impide, por lo visto, acabar el trabajo al estudio de Zaha.
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En lo puramente arquitectónico la boutique (que es lo que se supone que es) no tiene mucho donde rascar, un par de paredes curvas al estilo Zaha, unas rayas en el suelo exterior también al estilo, un techo posterior (en el tiempo), exento y totalmente rectilíneo (aunque en la foto no lo parezca) realizado porque la boutique se inundaba cuando llovía (se puede decir que porque no estaba previsto su uso exterior, se puede decir que es que estos superarquitectos solo hacen chapuzas…) y que no pega ni con cola.
Vamos, que esta bien, pero tampoco es que sea la leche, muy moderno, muy fashion, pero la verdad es que no desentona del todo con lo mas antiguo de la bodega, las “catacumbas” talladas en la piedra y a las que se accede (al menos por parte del publico) desde el sótano de la boutique de Zaha. Si el hilo conductor y o que se queria conseguir era enfrentar lo nuevo a lo antiguo, esta amplia y satisfactoriamente conseguido en mi opinión. Siento repetirme, pero lo mejor una vez mas, el vino, en este caso, irrepetible (aunque penséis que me pille un buen pedo a tanto vino, no fue pa tanto, y mi juicio no quedo cegado ante la maravilla se semejantes caldos, como Gehry, podeis confiar en mi, y sino visitadlo y veréis…).















Esta entrada tiene 2 comentarios
Argazkimontai ederrak, hansbrinker! Ez dut eraikina barnetik ikusi, baina pilo bat aldiz ikusia nuen kanpotik. Zaha Hadidena zela esan zidatenean ezin nuen sinistu! Zure argazkietan errealitatean baino ederragoa iruditzen zait. Ondo izan!
Mila esker, ez dakit horrenbesterako den baina, eskerrik asko hala ere.
Ondo izan, ez nuen imaginatzen irakurleen artean zeundenik…
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